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lunes, 2 de abril de 2012

El dinero del BID y la profundización del modelo

Por: Alejandro Olmos Gaona

Banco Interamericano de Desarrollo

Las autoridades del gobierno de la Nación, y los apologistas de la política del kirchnerismo, han enfatizado reiteradamente sobre la necesidad de profundizar el “modelo nacional y popular”, sin definir con claridad en qué consiste ese supuesto “modelo” que naturalmente no guarda la menor relación con lo  que puede ser un proyecto realmente nacional. Y decimos esto, debido a que las acciones que el gobierno nacional realiza con los organismos financieros internacionales, entre otras  que podrían señalarse, muestran una continuidad estructural con las políticas del menemismo que sometieron nuestra soberanía a las decisiones generadas en los centros de poder financiero, en acuerdo con los organismos multilaterales que respaldaron siempre todos los procesos de desnacionalización de la actividad económica y colaboraron en las operaciones de endeudamiento con los acreedores extranjeros.

Dejando de lado la hojarasca dialéctica con la que semana a semana nos abruman los discursos presidenciales, y los distintos funcionarios que conforman el Poder Ejecutivo, las evidencias que surgen de decisiones que son deliberadamente  ocultadas a la población, muestran una realidad que está sideralmente alejada de lo que es una auténtica política nacional y latinoamericana.

La última capitalización del Banco Interamericano de Desarrollo  es una de esas evidencias incontrastables de continuidad con un “sistema” que privilegia a los organismos multilaterales controlados por las potencias más representativas del orden financiero mundial.

El BID que de interamericano solo tiene el nombre está integrado por los países de Latinoamérica, pero además son miembros prominentes: Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Canadá, Israel, Francia, Italia, Japón, China. Suecia y Suiza, entre otros, siendo Estados Unidos el que tiene el mayor porcentaje de votos.

Es importante recordar que esta institución al igual que el Banco Mundial y el FMI fueron creadas supuestamente para ayudar a los países que tenían dificultades económicas, pero tales objetivos se fueron desvirtuando permanentemente y fue así que participaron en conjunto en todos los planes de ajuste estructural impuestos  durante décadas, además de responder claramente en sus distintas operaciones a favorecer a bancos, empresas extranjeras, y condicionar cualquier política económica que no respondiera a los centros financieros del poder. Una clara evidencia de ello es la participación que tuvieron en la instrumentación del Plan Brady, donde violando su Convenio Constitutivo cofinanciaron compra de garantías para favorecer a los acreedores privados además de ser participes principalísimos de ese paradigma del delito que fue ese procedimiento de reestructuración de la deuda pública.

En investigaciones que realizara hace unos años, encontré  en el Ministerio de Economía un documento confidencial firmado por el entonces Presidente del BID, Enrique Iglesias dirigido a la comunidad financiera internacional, pidiendo apoyo a la política económica argentina de Menem, debido a que este se había comprometido a privatizar el sistema jubilatorio, modificar la legislación laboral y vender todas las empresas públicas. Tiempo después y en mi carácter de miembro de la Auditoría del Crédito Público de Ecuador, pude comprobar a través de documentos reservados todas las políticas instrumentadas por el BID,  donde se pudieron visualizar ciertas características recurrentes como son el renunciamiento a la soberanía, el debilitamiento y la injerencia en asuntos internos del Estado, la renuncia a la jurisdicción nacional, los condicionamientos que atentaron contra los intereses de la Nación, limitando el goce de derechos fundamentales del pueblo, promoviendo sistemas de endeudamiento desleales con sus países miembros, asociándose en muchos casos para respaldar el pago de deudas ilegítimas.

Debido a los constantes manejos de los organismos multilaterales, y para obtener financiamientos que respondieran a las reales necesidades de los pueblos, sin los condicionamientos conocidos, se promovió la creación del Banco del Sur cuyo acta fundacional y Convenio Constitutivo fueron suscriptos por la Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y  Venezuela, estableciéndose una integración de capital  de 7000 millones de dólares, 4000 de los cuales serán aportados por Argentina, Brasil y Venezuela en cinco cuotas, y el resto de los países integraran sus aportes en 9 cuotas, pero esta estructura sigue anclada en las constantes demoras que tienen como principales responsables a Brasil y la Argentina, que fortalecen a los organismos multilaterales con el aporte de importantes sumas.

Debido a los quebrantos presentados por el BID debido a inversiones especulativas en hipotecas subprime, su capital operativo  disminuyó considerablemente, pudiendo mostrar como ejemplo que en el año 2008 las pérdidas fueron del orden de los 1.900 millones de dólares, lo que llevó al Senador Richard Lugar, del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos a pedir explicaciones al presidente del BID, Luis A. Moreno, quien reconoció el la existencia de operaciones de riesgo..

Esas dificultades determinaron que  la Junta de Gobernadores del BID, aprobara el 21 de julio de 2010 un aumento del capital del banco de 70.000 millones de dólares, habiendo contado con el voto favorable del entonces Ministro de Economía, Amado Boudou como integrante de la misma. Debido a ello la Argentina se comprometió a contribuir a esa capitalización mediante el aporte de cinco cuotas que en su totalidad representan la suma de 7.525.760.227 millones de dólares, con más una cuota extraordinaria para el Fondo de Operaciones Especiales de 26.779.415. Para instrumentar el aporte la Presidenta de la Nación envió al Congreso un Proyecto de Ley, que fue aprobado por la Cámara de Diputados, habiendo votado negativamente la capitalización los diputados Solanas, Argumedo y Cardelli.

La Presidenta Fernández de Kirchner en el proyecto presentado habla de las metas del BID que son lograr una mayor equidad social y la reducción de la pobreza, lo que no se condice para nada con las políticas que se conocen del BID, y contradicen sus propias palabras cuando se refiere a  los organismos multilaterales.

Que si bien es cierto que la Argentina integra el BID, y debe aceptar sus resoluciones, en ningún caso debiera haber votado una capitalización, para fortalecer a una institución que ha producido ingentes perjuicios a la Nación, y los bloques parlamentarios no tendrían que haber votado sin discusión este proyecto, que representa una enorme erogación de recursos, resultando además una incongruencia aportar al Banco del Sur 1330 millones de dólares en cinco años y casi seis veces más al BID.

Finalmente es importante señalar que el BID le prestó a la Argentina de 1993 hasta el 2011: 19.969 millones de dólares, habiéndosele pagado 13.124 millones y se le deben actualmente 9681.6 millones y tributado intereses por 7.272 millones, a lo que debe agregarse como señalaramos anteriormente, el papel fundamental que tuvo esta institución en el desguace del Estado Nacional y la transnacionalización de la economía.

Esta inaceptable capitalización no ha tomado estado público y el gobierno se ha mostrado muy cuidadoso en que los aportes económicos mencionados no trascendieran, mostrando una vez más la sideral diferencia que existe entre los discursos presidenciales y la realidad objetiva.

martes, 21 de febrero de 2012

Pronunciamento de Plataforma 2012 sobre la Megaminería

Plataforma 2012 surge de la necesidad de construir una voz colectiva que pueda debatir abierta y públicamente los grandes problemas nacionales para contribuir al accionar social transformador, por fuera de los reduccionismos y del encapsulamiento del debate que promueve polarizaciones descalificadoras.

Plataforma 2012 es un colectivo de intelectuales y trabajadores de la cultura comprometidos en la lucha por un país verdaderamente independiente, una sociedad justa e igualitaria con plena vigencia de la libertad y los derechos humanos.

Plataforma 2012 se propone como un espacio plural, democrático e independiente de los diferentes grupos de poder, sea éste político, económico o mediático.

Desde su primer pronunciamiento, a comienzos de este año, Plataforma 2012 planteó la necesidad de recuperar el pensamiento crítico más allá del discurso del oficial. La enorme repercusión que produjo aquel primer documento y la cantidad de adhesiones que nos siguen llegando desde distintos puntos del país, confirman la existencia de aquella necesidad y comprometen a Plataforma a consolidar un espacio que pueda hacer audibles las múltiples voces que desde el campo popular piensan críticamente la realidad.

El relato oficial pretende enmascarar una realidad que eclosiona en diferentes manifestaciones en el cuerpo social. Plataforma 2012 considera que el desmontaje de ese relato – que por vía de la sacralización épica, la negación, la tergiversación, la desmentida, los silencios y ocultamientos tiende a imponer una visión monolítica y unívoca de la realidad – puede ser una herramienta que contribuya a resituar el debate de los grandes problemas nacionales. Desde esta perspectiva, los síntomas de malestar social, lejos de ser leídos como producto de algunas anomalías en el interior de un proceso transformador, pueden ser comprendidos como efectos de una política global de gobierno

Tres son los ejes en los que Plataforma 2012 se ha centrado desde su primer pronunciamiento: desigualdad, en un registro abarcador, que no se mide solamente en términos económicos, sino de desigualdad social, educativa, sanitaria, ambiental, de género, así como las implicancias que esto tiene en términos de desigualdades políticas y deterioro institucional; vínculos del gobierno con las grandes corporaciones económicas; y violación de los derechos humanos hoy.

En este sentido, la problemática de la minería transnacional – que a través de las demandas de la pueblada de Famatina hizo visibles las luchas presentes en todo el país -, ha demostrado su urgencia y dramatismo. Este tipo de minería ilustra de manera cabal los tres puntos enunciados y cómo esta tríada se inscribe en una política nacional: mayores desigualdades económicas, territoriales, sanitarias, ambientales y sociales; alianza estratégica entre el gobierno nacional y grandes corporaciones mineras transnacionales; y violación de los derechos humanos a través de la criminalización de la protesta social. Del mismo modo, el problema de la megaminería ha desenmascarado el relato mistificador del gobierno, que procura deslindar su responsabilidad en la aplicación de la política megaminera y sus consecuencias, atribuyéndola a decisiones de competencia exclusiva de los gobiernos provinciales, como si la aplicación de esas políticas no respondiera a una política nacional impulsada por el Ejecutivo y como si esos gobiernos no formaran parte de la estructura de alianzas oficialista.

Durante los años `90, bajo el gobierno neoliberal de Carlos Menem, se introdujeron grandes modificaciones en la sociedad y la economía argentinas. Con apoyo del FMI y otros organismos internacionales, se privatizaron los recursos naturales, entre ellos los minerales, y se sentaron las bases de un nuevo marco normativo y jurídico en relación a éstos, que se extiende hasta nuestros días. La aplicación de estas políticas neoliberales acentuaron aun más las asimetrías, condenando a los países dependientes y periféricos a la extracción y provisión de bienes primarios en favor de los países más poderosos del planeta, consumidores de las mismas. En la actualidad, los resultados de la aceptación de este patrón de acumulación son conocidos: tendencia a la reprimarización del aparato productivo interno -hecho confirmado por diferentes informes económicos-; extranjerización de la industria, de recursos naturales (minerales, petróleo, gas, tierras y agua); concentración económica -en algunas empresas multinacionales, que controlan el mercado global-; especialización productiva -exportación de algunos productos, sin valor agregado-; desigual distribución de los conflictos ecológicos y territoriales, que perjudica a los países periféricos, y, dentro de ellos, a aquellos sectores sociales de mayor vulnerabilidad; en fin, consolidación de verdaderos enclaves neocoloniales, que van configurando espacios productivos estructuralmente dependientes del mercado internacional en términos económicos, comerciales, financieros y tecnológicos.

En esta línea, lejos de ser “motor de desarrollo”, como argumentan sus defensores, la megaminería trasnacional refuerza la dependencia hacia los centros capitalistas de poder global, y profundiza las formas de desigualdad ya existentes a escala local, provincial y nacional: expoliación económica, devastación institucional, destrucción de territorios y depredación de bienes naturales, fragmentación y control social, cooptación científico-tecnológica, ya son hechos incontestables de nuestra realidad del siglo XXI, que no hacen más que remitir y actualizar la triste historia colonial del continente.

El caso de Bajo la Alumbrera, en la provincia de Catamarca, uno de los yacimientos de cobre más grandes de Sudamérica, es emblemático. Tras 15 años de explotación, el paisaje catamarqueño da cuenta de empobrecimiento; asistencialización generalizada de la población; falta de empleo, de agua, de electricidad; naturalización de la devastación ambiental; institucionalización del clientelismo y la corrupción; degradación de la cultura democrática; profundización de las desigualdades sociales y ambientales.

Recordemos que este tipo de minería se propone extraer los minerales diseminados en la roca portadora, a través del sistema de explotación minera a cielo abierto (open pit), que utiliza técnicas de procesamiento por lixiviación o flotación, esto es, sustancias químicas altamente contaminantes, que producen impactos negativos en la salud de las poblaciones y cuantiosos daños ambientales, los cuales han sido probados en diferentes países y regiones.

 Se trata de minería a gran escala, es decir, de mega-emprendimientos, una actividad que consume enormes cantidades de agua y energía y compite por tierra y recursos hídricos con otras actividades económicas (agricultura, ganadería, turismo). Dada su envergadura, estos emprendimientos tienden a desestructurar y reorientar la vida de las poblaciones, desplazando economías regionales preexistentes y “liberando” territorios que, de ahí en más, quedan presos de la lógica económica de las grandes compañías trasnacionales. En ese marco se producen hondas transformaciones de la ciudadanía; asistimos cada vez más a la territorialización de los conflictos y a la violación de derechos ambientales y colectivos, que se hallan amparados por la normativa nacional e internacional, y que incluyen también los derechos de los pueblos originarios (Convención 169 de la OIT). Dichas violaciones repercuten asimismo sobre los llamados derechos de primera generación, como son el de la libre expresión y el derecho de petición, impedidos u obstaculizados de modo recurrente en determinados escenarios provinciales (Catamarca, San Juan, La Rioja, entre otros).

Son las pequeñas y medianas poblaciones de nuestras provincias, sobre todo en las zonas pre-cordilleranas y cordilleranas, pero también en otras regiones áridas del país, las que hoy sufren la embestida de este modelo neocolonial. Desde las movilizaciones de Esquel, donde se llevó a cabo el único plebiscito en el país por este tema (2003), pasando por la represión y la pueblada de Andalgalá (2010), hasta la actual gran pueblada de Famatina, las poblaciones vienen rebelándose contra la expansión de este tipo de minería, con claros reclamos que subrayan el derecho a un ambiente sano, el derecho a elegir un modo de desarrollo congruente con el respeto de la vida presente y futura, de las personas y de los ecosistemas; en fin, el derecho a participar de las decisiones colectivas en el marco de una sociedad que se quiere democrática.

Esquel y Gan Gan, Andalgalá, Belén, Santa María y Tinogasta, Chilecito y Famatina, Calingasta y Jachal, Ingeniero Jacobacci y Bariloche, Gregores, Campana Mahuida-Loncopué y Rincón de los Sauces, General Alvear, San Carlos y Uspallata, Capilla del Monte, Casa Grande y Yacanto de Calamuchita, La Carolina y Merlo, Abra Pampa, Cangrejillos y Tilcara, Cafayate, Metán y Tolar Grande, Jasimampa y Sumampa, Amaicha del Valle y El Paso, valles enteros de diferentes provincias, entre tantos otros nombres, son algo más que puntos supuestamente remotos de nuestra amplia geografía nacional. Son poblaciones que, detrás de la bandera “El agua vale más que el oro”, han ido construyendo de modo perseverante y en situación de gran asimetría de fuerzas, una red de resistencias local y regional, que, en varios casos, ha tenido como producto la sanción de leyes provinciales que prohíben este tipo de minería con algunas sustancias químicas (Chubut, Río Negro, Mendoza, La Pampa, Córdoba, San Luis, Tucumán, La Rioja y Tierra del Fuego). Son estas poblaciones las que también estuvieron detrás de la defensa activa de la Ley Nacional de Protección de los Glaciares, que fuera vetada por la actual presidenta en 2008, resancionada en septiembre de 2010, luego de un arduo trabajo transversal de organizaciones sociales y ambientales, diferentes profesionales y representantes del Congreso Nacional, con la oposición activa de gran parte del oficialismo. Son estas poblaciones las que resisten de pie frente a la derogación de las leyes que prohibían este tipo de minería, como sucedió desde 2008 en La Rioja, y recientemente, en diciembre de 2012, en Río Negro.

Por ello creemos que resulta injusto y agraviante imputar “irracionalidad” o “falta de información” a la fuerte oposición que este tipo de minería ha generado en vastas poblaciones de nuestras provincias. La megaminería no es cuestionada por desconocimiento, ni por falta de cultura productiva, sino precisamente porque ésta constituye una síntesis acabada del maldesarrollo. Se trata además de un modelo que pone en jaque a la democracia, pues avanza sin consenso de las poblaciones, generando todo tipo de conflictos sociales, divisiones en la sociedad y una nueva espiral de criminalización de las resistencias. A la causa penal abierta contra los vecinos de Andalgalá y Famatina, se sumaron, primero, la detención de 18 vecinos en el pueblo de Santa María en Catamarca, a quienes se los acusa de entorpecer el tránsito terrestre (art. 194 CP) y de ser parte de una agrupación que tiene por objeto imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor (art. 213 bis); segundo, la represión desatada por la policía provincial contra los vecinos de Belén, que dejó como saldo decenas de detenidos (entre ellos, un niño menor de 13 años); tercero, la brutal represión y desalojo en Tinogasta y asimismo en Amaicha del Valle. Frente a estos hechos no podemos olvidar que ante la resistencia del pueblo de Gualeguaychú en defensa de sus derechos fue la propia Cristina Fernández de Kirchner quien firmó el decreto (828/2010) a través del cual instruyó al Procurador General del Tesoro a denunciar a 10 vecinos de Gualeguaychú acusándolos de los delitos de sedición, atentado contra el orden democrático, más otros 12 delitos que contemplan prisión efectiva.

Resulta claro que la criminalización de la protesta es una política represiva nacional que está siendo profundizada. En este y no en otro marco, el Congreso Nacional aprobó la nueva Ley Antiterrorista, enviada por el ejecutivo, que modifica la ya sancionada bajo el mandato de Néstor Kirchner en el año 2007.

Tampoco creemos que pueda responsabilizarse exclusivamente a las provincias, las cuales detentan el “dominio originario” de nuestros recursos naturales, luego de la reforma de la constitución de 1994. El marco económico y jurídico que beneficia a la megaminería se sustenta en una batería de leyes nacionales, sancionadas en los años `90, que aseguran una rentabilidad extraordinaria a las empresas, al compás del aumento de los precios internacionales de los minerales. Está legislación se mantiene en la actualidad y es custodiada por los legisladores nacionales oficialistas, junto a los sectores conservadores de ambas Cámaras, quienes no permiten siquiera la discusión de los proyectos que pretenden modificarla. Por su parte, a través del Tratado Binacional sobre Integración y Complementación Minera firmado con Chile -1996- que sancionó una legislación de “facilitación fronteriza”, se consumó la entrega de una parte de la cordillera a las transnacionales mineras, entre ellas a la empresa canadiense Barrick Gold que hoy opera en San Juan, a través de los emprendimientos mineros Veladero y Pascua-Lama. Esta empresa judicializó la ley nacional de protección de los glaciares, y logró, mediante una medida cautelar que dicha norma no se aplique en esa provincia. El tema está hace meses “a estudio” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejando así a los glaciares a merced del negocio minero en San Juan. En el resto del país, la pasividad del gobierno nacional -como autoridad de aplicación- en implementar efectivamente dicha norma, resulta inaceptable.

Así, lejos de ser una “rémora” del viejo orden neoliberal, este ordenamiento jurídico-económico encuentra un apoyo incondicional en las políticas del gobierno nacional, desde 2003 hasta la fecha. En 2004, Néstor Kirchner avaló el Plan Minero Nacional, declarando la actividad de interés estratégico y sumando nuevos beneficios y exenciones a la misma. En el mismo año se firmó con Chile el “Protocolo Adicional Específico” al Tratado para el proyecto minero binacional Pascua Lama, donde –entre otras cosas- ambos países se obligaron a permitir a “los inversionistas de una y otra, el uso de toda clase de recursos naturales necesarios para el desarrollo minero, comprendiéndose en este concepto los recursos hídricos existentes en sus respectivos territorios”. La actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, no sólo ha buscado alentar la inversión minera -como en su discurso en El Qatar, en 2011-, sino que también ha dado muestras claras del apoyo del aparato del Estado a la megaminería. Uno de los ejemplos más emblemáticos, además del veto a la ley nacional de protección de glaciares, ha sido su participación en diferentes reuniones con Peter Munk, el CEO de la empresa Barrick Gold, tanto en Toronto como en Buenos Aires, a fin de facilitar un acuerdo tributario con dicha empresa, a cargo del proyecto binacional de Pascua-Lama. La fotografía que muestra a la presidenta en Canadá, junto a P.Munk, custodiada por tres banderas –la de Canadá, la de Argentina y la de la Barrick Gold- es todo un símbolo de la alianza estratégica entre gobierno nacional y megaminería, y sin duda quedará grabada en la memoria de los argentinos.

Las alusiones en el discurso presidencial a los sectores “ambientalistas”, supuestamente despreocupados por la suerte de nuestras islas Malvinas y la reciente exhortación a la “responsabilidad y seriedad sobre los planteos que se realizan”, no hacen más que poner en evidencia el manifiesto desprecio hacia las poblaciones movilizadas y el empeño por desplazar el eje de la discusión, ante el impacto nacionalizador que ha tenido la pueblada de Famatina respecto de la cuestión minera y el creciente apoyo de la sociedad hacia estas protestas. También evidencian un desprecio por la conservación del patrimonio y el futuro del país. Mientras en Catamarca se teme por la aplicación de la nueva ley antiterrorista sobre 18 asambleístas; mientras continúan las protestas y movilizaciones en diferentes ciudades de Río Negro; mientras el gobernador riojano se apresta a verter ingentes recursos económicos para torcer la voluntad de la población de su provincia; el gobierno nacional continúa acompañando con hechos la expansión de la megaminería. Desde el nombramiento del empresario minero Jorge Mayoral bajo el gobierno de Duhalde, quien continúa al frente de la Secretaría de Minería de la Nación, hasta el reciente nombramiento de un ex familiar de la presidente – Armando “Bombón” Mercado- como director del YMAD (Yacimientos Mineros Aguas de Dionisio), nada parece haber horadado la continuidad en las orientaciones gubernamentales en este tema.

Así, no se trata solamente de una discusión exclusivamente económica o ambiental, sino también de una discusión política. La megaminería es uno de los eslabones más contundentes –aunque no el único- que ilustra la continuidad y profundización por parte de este gobierno respecto de las políticas de explotación neocolonial y expropiación de los bienes naturales aplicadas en los ´90. El “relato” oficial, que procura presentarlas como parte de un modelo de crecimiento y generación de empleo, es una pieza clave para la construcción de un consenso social favorable que garantice su aplicación. La retórica épica sobre las bondades de la política megaminera se complementa con el ocultamiento y negación de sus efectos devastadores. Y cuando las poblaciones involucradas, lejos de contribuir al “consenso megaminero” buscado por el gobierno, desenmascaran la falacia cuestionando legítima y abiertamente la megaminería a cielo abierto, movilizándose para rechazarla y concitando – como en el caso de Famatina – solidaridades en todo el país, el gobierno echa mano a un nuevo recurso discursivo: la “desmentida”. Según este recurso, que pretende borrar de la memoria colectiva la imagen y el valor simbólico de aquel encuentro presidencial en Toronto con el CEO de la Barrick Gold, la megaminería a cielo abierto no formaría parte del proyecto político del gobierno nacional sino que correspondería a decisiones y acuerdos estrictamente provinciales – en este caso del gobernador Beder Herrera.

Todo esto pone en evidencia un deterioro de las instituciones. Por ello, vemos con mucha preocupación que el mismo gobierno que ha destruido el sistema nacional de estadísticas (lo que dificulta toda reflexión colectiva sobre pobreza, desigualdad, desempleo o inflación, y afecta seriamente las negociaciones salariales), que extorsiona a los jueces que lo desafían, que se ha ocupado de desoír o desarmar la estructura de controles institucionales sobre el poder, que ha reforzado el proceso de concentración del poder en el ejecutivo, hoy amenaza solapadamente con una reforma constitucional promovida por las peores razones de corto plazo.

Con la convicción de que los pueblos tienen el derecho de elegir el modelo de desarrollo que más convenga y beneficie a sus poblaciones, en función de un ideal de igualdad y de equilibrio con la naturaleza y en solidaridad con las movilizaciones vecinales de tantas pequeñas y medianas localidades de nuestro país, que se han levantado activamente contra este modelo neocolonial, en defensa de nuestras cuencas hídricas y de nuestros territorios, Plataforma 2012 plantea la necesidad de debatir e impulsar las siguientes propuestas:

1. Reforma integral del Código de Minería y derogación de la Ley de Inversiones Mineras (24.196) y sus modificatorias, que promueven y habilitan la destrucción de los bienes comunes y el despojo colonial de nuestras riquezas.

2. Aplicación efectiva de la Ley Nacional de Protección de los Glaciares en todo el país.

3. Recomposición ambiental de las zonas afectadas por los megaemprendimientos mineros que actualmente existen en el país.

4. Cierre de todas las causas abiertas a los ciudadanos criminalizados por manifestarse contra la megaminería

5. Urgente derogación de la nueva ley antiterrorista.

6. Urgente sanción de las leyes provinciales derogadas en La Rioja y en Río Negro, que prohibían este tipo de megaemprendimientos mineros.

7. Activación y ampliación de mecanismos participativos y de democracia directa que apunten a la democratización de las decisiones.

8. Propuesta de Declaración de una moratoria a nuevas concesiones a la exploración y explotación minera metalífera.

9. Propuesta y debate de una Ley Nacional de Prohibición de la megaminería metalífera con uso de sustancias tóxicas y la uranífera en todo el país.

10. Propuesta de realización de un gran debate nacional que reflexione y genere políticas públicas que apunten a una salida del extractivismo neocolonial, en pos de un equilibrado e igualitario desarrollo de los pueblos, respetando su cultura y sus formas de vida; en pos de la gestión pública y participativa de nuestros bienes comunes.

martes, 10 de enero de 2012

Los negociados del Grupo Roggio con Metrovías


Por: Damián Solanas

Toda la verdad sobre el  traspaso del servicio de subtes de la Nación a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Abajo el boletazo del ajustador Macri


El traspaso del servicio de subtes de la Nación a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reviste características interesantes de analizar:

Si bien es importante la injerencia de la Ciudad en las decisiones de política y planificación del transporte que opera en su jurisdicción, el gigantesco  negociado y estafa que se vienen arrastrando año a año desde la privatización del servicio de subtes -1993 en manos de Metrovías/Grupo Roggio-  continuarán, como nunca, vigentes.

La efectiva transferencia en los términos que está planteada es  una  puesta en escena armada conjuntamente por el Kirchnerismo y el macrismo con el objetivo de, por un lado, desvincularse del costo político que implicaría la aplicación de ajustes tarifarios y,  por el otro lado del mostrador, dar luz verde a la profundización de los negociados entre el Grupo Macri, la Constructora Benito Roggio (Metrovías) y las compañías Chinas asociadas a la venta de material ferroviario.

Cabe mencionar que  ambos consorcios, tanto Macri como Roggio, fueron y son parte de la elite empresaria del gobierno kirchnerista y  poseen recorridos en común desde hace años. Además de haber compartido juntos la construcción de la Autopista Rosario-Córdoba, las dos se asociaron en la explotación del ferrocarril Belgrano Cargas conjuntamente con la aceitera china Sanhe Hopefull Grain & Oil, al igual que, mantienen actualmente ese vínculo  en la construcción del subte de la ciudad de Córdoba junto a la empresa china estatal Railway Internacional. Todas las adjudicaciones, es bueno remarcarlo, contaron con la bendición del Gobierno Nacional.

No deja de aturdir enterarse que Metrovías (Grupo Roggio) en el último año recibió en concepto de subsidios más de 700 millones de pesos mientras que en el mismo año decidió repartir dividendos por $150 millones entre sus accionistas.

El sistema de subsidios, ejercido rigurosamente desde los años noventa y profundizado por el gobierno kirchnerista, lejos de consistir en una transferencia de recursos hacia los sectores con menos ingresos acabó sirviendo a la concentración empresaria amparada por la Ley 25.561, de Emergencia Pública y el Decreto 2075/2002, de Emergencia Ferroviaria.

Ambos instrumentos desligaron a las empresas concesionarias del deber de cumplir con el régimen de inversiones estipulados en cada uno de los contratos, mientras que las tarifas congeladas junto con el subsidio estatal sirvieron para garantizar un margen de rentabilidad único para el sector empresario desligado de todo riesgo. De esta manera, sin un sistema de mantenimiento adecuado ni reposición del material amortizado, el sistema perverso creado fagocitó a los bienes públicos prestadores de servicios. Esos mismos bienes deberán ser ahora repuestos, por decisión política del Gobierno Nacional y Porteño, ahora  sin subsidios, costeados por los mismos usuarios. Gatopardismo mediante, cuando la crisis se acerca algo deberá cambiar para que nada cambie, el régimen de garantías de beneficios al sector empresario seguirá vigente.

Fuente: Infosur

lunes, 26 de diciembre de 2011

Cambio de época y destino nacional

La crisis del capitalismo global tiene su correlato nacional: la precariedad de un modelo político-económico y cultural opresor e incapaz de realizar la emancipación que desde ya vienen requiriendo los tiempos por venir.

Cambio de Época, por Alcira Argumedo



 
Por: Alcira Argumedo, socióloga y diputada nacional por Proyecto Sur

I.- ARGENTINA EN EL CONCIERTO MUNDIAL

El escenario internacional enfrenta un cambio de época histórica: se cierra el ciclo de la Edad Contemporánea y de la Revolución Industrial, planteando arduos desafíos para Argentina y América Latina. A la declinación de la Europa central, que durante cinco siglos ejercieron su hegemonía a nivel mundial, se suma ahora la de Estados Unidos, que hace sólo dos décadas proclamaba el “fin de la historia” y un nuevo orden subordinado a su exclusiva supremacía. Como contracara emergen nuevas potencias -China, India, Rusia-, acompañados por Brasil y Sudáfrica en el nuevo equilibrio de poder. Un equilibrio preñado de interrogantes ante la derrota de EE.UU. en Irak y Afganistán, a lo que se suman las revueltas en Medio Oriente y el Norte de África.

Esta situación se conjuga con una reconversión tecnológica salvaje -basada en el desplazamiento de personas y no en una disminución de la jornada laboral- que se fundamentó en las concepciones neoliberales. De allí que la pobreza, la desocupación y la precarización laboral no hayan sido efectos colaterales, sino objetivos intrínsecos de las políticas económicas a fin de bajar los salarios y reducir los derechos del trabajador, aun en los países centrales. Las consecuencias de esta reconversión y de las políticas de alta concentración de la riqueza -donde el 20% más rico de la población mundial detenta el 87% de los ingresos- golpean en especial a los jóvenes. Con características peculiares en los distintos países, esta es la base común de los indignados en Europa, Israel, el norte de África y EE.UU.: demandas que no pueden ser satisfechas en la lógica de las políticas de expoliación social que hoy caracteriza al sistema mundial, y a la impunidad con que éste explota la Naturaleza poniendo en riesgo la existencia misma de la humanidad.

A pesar de la riqueza de sus recursos naturales y potencial humano, la Argentina de hoy muestra graves carencias en sus posibilidades de dar respuestas a estos desafíos. La destrucción de los esquemas productivos y de transporte, de la educación y el cuidado de la salud; del nivel universitario y científico-técnico; de las posibilidades de ascenso social; la desprotección de los trabajadores; el incremento del desempleo, la precarización laboral, la pobreza, la indigencia y el hambre; todas ellas serían algunas de las dramáticas secuelas de la dictadura militar y de las políticas implementadas -siguiendo los dictados del Banco Mundial y el FMI- por los gobiernos detentados por distintas combinaciones del PJ y de la UCR, en los cuales una parte mayor de sus integrantes participaron de una u otra forma. Secuelas no menos dolorosas han sido la cultura de la derrota y la impotencia que impregnan el debate político, la mezquindad moral de las clases dirigentes, las miradas de cortísimo plazo en la toma de decisiones, la hipocresía de los discursos, la apelación farsante a valores que no se respetan; todo combinado con una corrupción naturalizada, sin que el grueso de los argentinos haya tomado conciencia de que ésta ha sido y es uno de los factores decisivos que degradan al país y coartan sus posibilidades hacia el futuro.


II.- LAS GRANDES CUESTIONES

1.- LA CUESTIÓN NACIONAL

Como consecuencia de las políticas promovidas desde la dictadura militar, Argentina es hoy un país recolonizado. La estructura constitucional y jurídica fue sometida a reformas que apuntaban a legalizar la entrega de las empresas y servicios públicos a corporaciones y bancos extranjeros. Las reservas minerales, el petróleo,
el gas, la pesca, las telecomunicaciones, las empresas de transporte, las tierras -tanto las privadas como las fiscales- fueron pasando a manos de capitales externos, que actúan sin control estatal. La deuda fue reconocida y “honrada” a pesar del desangramiento que ello significa para nuestra sociedad, en favor del capital financiero cuyo accionar delictivo llevaría a la quiebra de Wall Street. Esto, más la continuidad de las leyes de Martínez de Hoz y Cavallo en el campo financiero e impositivo, constituyen un verdadero Estatuto del Coloniaje.

La reconstrucción de la soberanía nacional requiere garantizar la defensa y recuperación de los recursos estratégicos y los bienes públicos, que han sido entregados contando con la complicidad de la macro-corrupción de la dirigencia argentina. Es preciso promover un debate acerca de las formas de reapropiación de las rentas extraordinarias y de aquellos recursos que son clave para la reconstrucción nacional, la erradicación de la pobreza y las posibilidades de futuro. No existe tampoco un destino nacional cierto si no se realiza una auditoría de la deuda pública, a fin de establecer cuál es legítima: el presidente Rafael Correa de Ecuador realizó una auditoría y cuando los acreedores supieron de la existencia de un registro de todos y cada uno de los delitos cometidos, aceptaron mansamente negociar y disminuir los montos en un 68%. Los cálculos indican que, de no auditar el endeudamiento, el país está condenado a pagar cada tres o cuatro años, ya hasta 3012, sumas equivalentes a la destrucción producida por el terremoto y el tsunami en Chile.

2.- LA CUESTIÓN SOCIAL

Es duramente condenable que, siendo la Argentina una fábrica de alimentos y proteínas, luego de ocho años de altas tasas de crecimiento existan más de 700.000 chicos sufriendo desnutrición crítica, condenados a una discapacidad irreversible, neurológica e intelectual. Es inadmisible que el 75% de los trabajadores de entre 18 y 29 años estén desocupados, precarizados o terciarizados, al igual que el 52% de la población activa total, sin el reconocimiento de derechos laborales. Se incluyen entre ellos modalidades de trabajo esclavo adulto e infantil que el Ministerio de Trabajo recién acaba de descubrir. La Nación está siendo desgarrada por una brecha que cada día divide más al sector privilegiado del 40% de los habitantes frente a un 60% que afronta crecientes dificultades. Estamos sumidos en una trágica crisis en el campo de la educación y la salud: casi la mitad de nuestros adolescentes y jóvenes entre 13 y 18 años han desertado o nunca ingresaron al nivel secundario y las evaluaciones de calidad realizadas por la OCDE nos sitúan en el lugar 51 sobre 57 países seleccionados. La situación sanitaria no garantiza el cuidado de nuestros ciudadanos. A los jubilados y pensionados no se les reconoce el derecho constitucional al 82% móvil porque el gobierno se niega a restablecer los aportes patronales de las grandes empresas a las que Cavallo beneficiara durante el menemismo.

La recuperación para el conjunto de los argentinos de las rentas extraordinarias y de los recursos estratégicos; la eliminación de subsidios y prebendas otorgados a las corporaciones amigas; una reforma impositiva tendiente a revertir la actual regresividad del sistema; el control del sector financiero mediante una Ley de Financiamiento que reemplace la de Martínez de Hoz; todas medidas que permitirán disponer de los fondos necesarios para dar solución a la cuestión social y erradicar los flagelos que golpean a las mayorías sociales.

3.- LA CUESTION INSTITUCIONAL

Democratizar la democracia es el imperativo de estos tiempos. La impunidad y la corrupción que hostigan a la sociedad argentina tienen en la degradación del Poder Judicial una de sus causas más consistentes. El cambio impulsado en la Corte Suprema de Justicia por Néstor Kirchner, como respuesta al  reclamo masivo manifestado durante la crisis del 2001, no tuvo un equivalente en los Juzgados y las Cámaras Federales ni en el Ministerio Público que designa y controla a los Fiscales. De este modo se han ido acumulando “capas geológicas” de jueces designados por la dictadura militar, por el amiguismo radical, por las servilletas menemistas y las simpatías de la Alianza o el kirchnerismo, que fueron generando nichos de magistrados dispuestos a hacer ojos ciegos frente a la corrupción y el manejo de los asuntos públicos. La reciente absolución de Carlos Menem y su banda en el juicio por contrabando de armas es un ejemplo de esta impunidad y de la vergonzosa degradación del Poder Judicial.

4.- LA CUESTION CULTURAL

El neoliberalismo no fue solamente una política económica: el terror de la dictadura militar impuso una cultura del miedo, que durante el período democrático se refuerza mediante una hegemonía cultural capaz de extenderse sobre una sociedad atomizada por la implosión de sus estructuras socioeconómicas. Las estrategias de Martínez de Hoz y los gobiernos que lo sucedieron, guiados por el FMI y el Banco Mundial, tuvieron como resultante una inédita desarticulación del país: a modo de ejemplo, si en 1974/75 la pobreza afectaba al 7% de los habitantes, en el 2002 había llegado al 56%, y en la actualidad supera el 30%. Las duras agresiones sufridas por las mayorías sociales argentinas durante más de tres décadas permitieron expandir la cultura de la derrota y la impotencia, mientras las dirigencias políticas se sumían en el posibilismo, que los llevaría a la traición de sus promesas electorales: el radicalismo de la economía de guerra, el Punto Final y la Obediencia Debida; el travestismo del gobierno menemista, incluida la aberración de los indultos; la Alianza del ajuste de Cavallo; todos son un espejo invertido de las causas históricas de Alem, Yrigoyen e Illia, y de Perón y Evita, cuyas ideas-fuerzas fueron mancilladas y utilizadas para enmascarar la realidad contundente del neoliberalismo. La carencia de todo concepto de ética o equidad arrasaron con los valores de solidaridad, igualdad, justicia social y soberanía.

En una farsa burlesca de la historia, las mismas personas que apoyaron con entusiasmo el modelo neoliberal de Menem, a los que se sumaron los frepasistas de la Alianza que convocara a Cavallo, integran ahora el “modelo nacional y popular” kirchnerista. En la mayoría de los territorios provinciales, en las intendencias del Gran Buenos Aires, en el movimiento sindical y en el gobierno nacional, más de las tres cuartas partes de los dirigentes y funcionarios del kirchnerismo protagonizaron un proceso que en pocos años los transformó neoliberales en adalides de lo nacional-popular: las trayectorias políticas con nombre y apellido dan cuenta de esta admirable capacidad de adaptación y sentido de la oportunidad.

5.- LA CUESTION AMBIENTAL

Las ciencias y la cultura dominantes del Occidente central conciben la Naturaleza como algo exterior a los seres humanos, que deben conocerla para dominarla y explotarla. Por el contrario, las culturas precolombinas sustentan dos principios que hoy constituyen ideas de avanzada. Todas ellas fueron comunidades de amparo y en sus lenguas no existía la palabra pobre: no concebían la existencia de miembros de su comunidad que no tuvieran cubiertas sus necesidades espirituales y materiales. Por otro lado, concebían a los hombres como parte de la Naturaleza, y debían mantener con ella relaciones armoniosas: los territorios no les pertenecían, ellos pertenecían a los territorios.

Durante cinco siglos, la hegemonía de la Civilización occidental y el dominio colonial o neocolonial de las áreas periféricas impuso una dinámica de expoliación social y devastación de la Naturaleza sin contemplar las secuelas de la contaminación y los desequilibrios ambientales, pues la obtención de ganancias extraordinarias constituía la razón por excelencia de la actividad humana. Hoy padecemos la minería a cielo abierto con utilización intensiva de cianuro y otros tóxicos, además de la utilización igualmente irracional de agua potable y la destrucción de glaciares; la devastación de bosques y selvas para expandir las fronteras agrícolas con soja o biocombustibles; la utilización masiva de glifosato y venenos similares; la contaminación de las fuentes de agua y las reservas subterráneas. Todo ello está alcanzando una magnitud sin precedentes por la avidez de las empresas mineras y petroleras junto a sus socios políticos locales. La extranjerización de las tierras sin ningún control -incluyendo zonas de frontera- alimenta la prepotencia de los inversores, despojándonos de áreas estratégicas, como son las fuentes de agua de la cordillera o el Acuífero Guaraní.

La formulación de un Plan Agrario Nacional y de un Plan de Soberanía Alimentaria, que contemplen los intereses y la participación de movimientos indígenas y campesinos junto a pequeños y medianos productores rurales, es una de las principales tareas. Este plan debe acompañarse de una propuesta orientada al repoblamiento de nuestro territorio y a revertir las presiones que han venido expulsando a las poblaciones hacia los centros urbanos: en esta perspectiva se inserta la reconstrucción de los ferrocarriles y de una infraestructura que garantice niveles de bienestar y de acceso a la atención de la salud, a la educación, a los medios de comunicación e información, así como a otros aspectos vinculados con el bienestar de quienes habiten en medios rurales.

6.- LA CUESTION DE LA INTEGRACION LATINOAMERICANA

Ante el acelerado cambio en el equilibrio de poder mundial, la viabilidad histórica de los países latinoamericanos depende de su capacidad para integrarse en un espacio común con el fin de garantizar las dimensiones requeridas en tamaño de la población y los mercados, recursos estratégicos, producción industrial de avanzada y desarrollo científico-tecnológico autónomo. Los sueños de Bolívar y San Martín constituyen en la actualidad una condición ineludible, si se trata de evitar nuevas formas de dependencia o neocolonialismo. La historia enseña que los imperios en decadencia tienden a utilizar la fuerza miliar en un intento desenfrenado por conservar sus colonias o dominios periféricos. Por el contrario, las potencias emergentes buscan construir su dominio a través de las inversiones y el comercio: Inglaterra a comienzos del siglo XIX en nuestro continente, o Estados Unidos a partir de la postguerra utilizaron estos mecanismos neocoloniales, que tienden a reproducirse en el caso de China, gran polo de poder que se está consolidando desde inicios del siglo XXI: el 90% de las exportaciones argentinas a China se componen de productos primarios sin valor agregado mientras nuestras importaciones desde ese país comprenden en un 90% productos industriales. La semejanza de nuestra posición ante Inglaterra en el siglo XIX no es pura coincidencia.

Si bien ninguna de nuestras naciones -tampoco Brasil- cuenta con los recursos humanos y materiales para afrontar el desarrollo autónomo de los conocimientos y tecnologías de la Revolución científico-técnica, la suma de los potenciales a nivel regional nos permitiría contar con la masa crítica requerida para enfrentar ese desafío: de otro modo, seremos productores de velas de sebo cuando ha llegado la electricidad, o de carretas y diligencias ante el advenimiento del ferrocarril. Las actuales condiciones permiten lanzar planes de integración basados en el impulso de industrias de base y tecnología: Líneas Aéreas Latinoamericanas con producción propia de aviones y similares; Flota Mercante Latinoamericana; sistema satelital y de comunicaciones teleinformáticas; promoción de nuevos materiales y fuentes de energía renovables; desarrollo de genética, biotecnología y medicamentos regidos por una ética científica con valores humanísticos y de respeto a la naturaleza; éstas son algunas de las iniciativas viables que en el corto plazo pueden abordarse.


III.- CONVOCATORIA A LA UNIDAD EN TORNO A UN PROYECTO

Estamos ante un tiempo decisivo de la historia, que nos plantea el reto de construir un proyecto nacional y latinoamericano para afrontar los desafíos de nuestra segunda emancipación. Debemos buscar una síntesis enriquecedora de la mejor herencia política, de ética y de ideas-fuerza, legada por esos nombres que plantaron las raíces de las identidades presentes en la escena argentina. La teoría del fukko, en Japón, nos habla de la necesidad de volver a la historia para pensar el futuro. Volver a la historia es una tarea ineludible si hemos de evidenciar y denunciar las distorsiones que los aparatos políticos del PJ y la UCR han producido sobre esa herencia. Peronistas, radicales, socialistas, sectores de la izquierda nacional e independientes nutridos de tales herencias no pueden sentirse reflejados hoy en los espejos invertidos que las versiones del bipartidismo exhiben como una continuidad degradada, más allá de los símbolos, las marchas, las banderas o la honradez de algunos dirigentes que puedan conmovernos.

El imperativo de la hora es confluir en la construcción de una fuerza política capaz de procesar esa nueva síntesis en un proyecto sustentado en los valores y en las concepciones más entrañables, con la misión de gestar la unidad de quienes hoy dispersan sus esfuerzos desde posiciones electoralistas de corto plazo. Un proyecto estratégico de unidad dispuesto a superar la cultura del miedo y la impotencia, la cultura que naturaliza la corrupción y el despojo; una cultura cuyos tentáculos buscan cooptar o inmovilizar la potencia creativa de nuestros jóvenes, que han de ser los protagonistas principales de esta segunda emancipación.

Fuente: infosur

sábado, 24 de diciembre de 2011

Entrevista con José Pablo Feinmann

José Pablo Feinmann

Por:  Ricardo Carpena

Original, siempre provocador, el autor de Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina considera "brillante" a la Presidenta, pero rechaza que lo definan como un intelectual K y advierte: si el Gobierno rompe con la CGT, la situación será "peligrosa"

Ojalá que no les caiga mal lo que dice y que no lo condenen al exilio de los que se animan a pensar distinto. Ojalá que los kirchneristas no trituren a José Pablo Feinmann después de enterarse de algunas cosas inconvenientes para el relato oficial que afirma en esta entrevista con Enfoques. Ojalá que se cumplan estos deseos navideños antes de que Papá Noel haga su trabajo habitual (el otro deseo es que Guillermo Moreno no controle también el tráfico de obsequios porque si no, esta noche, el autor de Ultimos días de la víctima no va a recibir ni el moño del regalo).
Se sabe que Feinmann es Feinmann. Casi una categoría en sí misma en el mundo de los intelectuales, que incluye desde su condición de genial escritor hasta la de difusor del pensamiento filosófico en la señal Encuentro, pasando por su oficio como guionista de cine, su pasión por la música, los films y, obviamente, la política.

En este último punto, este "escritor de izquierda, ligado a los derechos humanos", como alguna vez se definió, encontró en la adhesión al kirchnerismo el mismo entusiasmo que había tenido cuando militaba en la Juventud Peronista de los años setenta. Su libro El Flaco, al que Feinmann define como "una versión de Las manos sucias, de Jean Paul Sartre, porque es el diálogo entre un intelectual y un político", recrea su amistad con Néstor Kirchner y, de paso, desnuda las formas de hacer política en la Argentina de hoy.

El hecho de que Feinmann sea Feinmann, más allá de cualquier etiqueta, habla bien de él, de su independencia, de su honestidad intelectual. No cualquier miembro de la constelación oficialista dice cosas como éstas: "No me insulten: ¿cómo voy a ser kirchnerista?." "Soy un intelectual K, pero de Kant, Kierkegaard y Kafka". "Cristina es más cerrada porque es posible que se crea autosuficiente". "Lo que me preocupa de La Cámpora es el exceso de pragmatismo y la carencia de ideas". "Es muy incómodo adherir al gobierno de dos multimillonarios que están comandando un gobierno nacional, popular y democrático y te hablan del hambre."

Pero, antes de indignarse, los fundamentalistas del oficialismo deberían tener en cuenta que también dijo cosas como éstas: "Cristina es brillante e inteligente". "Cristina está a la izquierda de Néstor." "La Presidenta da otras señales. Se enfrenta en los foros internacionales al consenso de Washington y tiene mucho coraje para ir a un foro internacional y decirles que están equivocados. Es la primera vez que un presidente le dice eso al Fondo Monetario, al Banco Mundial."


Con la excusa de la aparición de su libro Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina , el segundo volumen de su historia sobre el movimiento que fundó Juan Domingo Perón, un fascinante y arbitrario fresco de la política nacional del período 1972-1976, Feinmann habló con La Nacion.


-Disculpe que revele públicamente este dato, pero cuando lo llamé para concertar esta entrevista usted me dijo que no era kirchnerista, algo que me sorprendió. ¿Es así?

-Por supuesto que no soy kirchnerista. Primero habría que definir bien qué es el kirchnerismo. La gente, de un modo muy banal, define como kirchnerista al que adhiere a un gobierno, pero esa definición es muy ligera. Ser algo implica un compromiso mayor y no adherir a un gobierno. Si usted me pregunta qué soy yo, cuando me definen como un intelectual K, yo digo: "Sí, sí, cómo no, Kant, Kierkegaard, Kafka". No me insulten, no me tomen el pelo: ¿cómo voy a ser kirchnerista? Yo me formé con Hegel, Marx, Sartre, Adorno, Foucault... ¿y ahora soy un intelectual K?

-¿Esto no implica tomar distancia?

-No, pero yo siempre tomé saludables distancias. Si no, no puedo pensar. ¿Cómo va a pensar un intelectual que está pegado a un partido? En ese sentido, estoy totalmente en contra del intelectual orgánico, el intelectual tiene que tener libertad. Si vos me preguntas qué soy a esta altura de mi vida: soy feinmanneano . Pienso desde mí. El que piensa desde otro filósofo o desde un partido político piensa en exterioridad, pero, a cierta altura de la vida uno ya tiene que pensar por sí mismo, y eso lo hago desde hace mucho tiempo.

-Aunque usted es un crítico del peronismo, me llamó la atención que en su nuevo libro se muestre tan implacable contra Perón.

-Soy muy duro con el tercer Perón. Los peronistas lo tapan porque no quieren ver que el jefe del movimiento hizo cosas muy oscuras. Cuando vuelve, Perón pierde su capacidad de mito porque se historiza. Desde afuera, podía totalizar toda la caótica realidad del peronismo, todas las particularidades chocaban entre sí y el líder les daba una unidad desde afuera. Como él decía: "Cuando hay dos grupos peronistas, yo soy el padre eterno, tengo que hacer que se amiguen". Ahora, cuando él vuelve, es uno más, pasa a formar parte del problema y, además, ya no es el "padre eterno" porque claramente elige a la derecha.

- Usted no parece tan de acuerdo con esa imagen de un Perón que vuelve al país con cierta dosis de espíritu de concordia.

-Sí, ése es el Perón del 72, el que vuelve. Es muy abierto, muy herbívoro, como dice él, muy democrático, y quiere una unidad nacional. El fondo de la cuestión es que ya era tarde para todo. Perón había demorado mucho su regreso, pero no por su voluntad; el gran error del Estado antiperonista que se desarrolla desde 1955 hasta 1973, en que asume Cámpora, fue prohibir a Perón durante 18 años, en una actitud absolutamente antidemocrática en nombre de la democracia. Si Perón hubiera vuelto en el 64 no hay guerrilla, ni miles de muertos, ni tanto odio en el 73.

-En una entrevista usted dijo algo muy duro: "Ojalá Perón se hubiera muerto en Madrid, es una tragedia que haya vuelto".

-Es una tragedia para su figura, sobre todo. Recuperó el uniforme de teniente general, pero quedó desacreditado como líder revolucionario de masas y, además, se ensució con sangre. Y no resolvió nada, se murió a los seis meses. Pero, por otro lado, hay una organización, que es Montoneros, sobre todo, y hay una Juventud Peronista que acepta a esa organización como hegemónica de la JP, algo que también es un error muy grande. Todos hicieron exactamente lo necesario para que la tragedia se consumara. El asesinato de Rucci es una calamidad. En el libro Diario de un clandestino , Bonasso cuenta que lo va a ver a Firmenich y le pregunta: "¿Fuimos nosotros?". "Sí, fuimos nosotros", dice Maderita (como lo llaman a Firmenich). "Pero entonces -le dice Bonasso-, si hacemos una ejecución y no la firmamos somos una banda clandestina." Impecable.

-En el libro también se muestra muy crítico de las organizaciones guerrilleras.

-No sólo enumero los errores de Perón, sino también los de las organizaciones armadas. Eric Hobsbawm dijo: "Se trató de un error espectacular". ¿En qué consistió? En no evaluar el poder del enemigo. En equivocarse confiando en que podrían manejar a Perón. Después, el gran error es el de la Revolución Cubana, que se hizo con doce guerrilleros. Esa es la leyenda. El otro gigantesco error es el del foco guerrillero, que es una teoría del francesito Régis Debray, que él le pasó a Guevara y la fue a practicar en Bolivia, donde Guevara no podía estar con su asma. Pobrecito, la pasó horrible, no logró nada y los campesinos lo delataron. Pero en lugar de ver los errores de Guevara, se lo transforma en un mártir. "Sean como el Che", dice Castro en un célebre discurso. Habría que haberles dicho a los muchachos: "No sean como el Che, evalúen mejor a las fuerzas con las que se oponen, con ocho guerrilleros en una selva no van a nuclear a la población.

-Pasemos a la política actual, pero sigamos hablando del peronismo: ¿qué imagina que puede pasar en el conflicto que se creó entre Cristina Kirchner y Hugo Moyano?

-Tendrá que haber un diálogo. Si hay ruptura, la situación es muy peligrosa porque el sindicalismo no creo que apele a la razón, sino que está, por historia, muy cerca de la violencia. Ha hecho acciones violentas muy claras: la UOM de Lorenzo Miguel invade Villa Constitución en el 75. Después, las bandas que se crean en la CGT, como la Juventud Sindical Peronista, también eran temibles. Ahí la sociedad tiene que tomar partido: a nadie le conviene un gobierno de Moyano. Ahí sí que van a ver lo que es el autoritarismo peronista. Lo va a llamar a Duhalde, a Menem, a Rodríguez Saá, y viene la derecha peronista.

-Es raro el conflicto porque fue Néstor Kirchner el que alentó a Moyano, el que le dio negocios, un poder político inusitado. ¿Por qué está hoy cerca de la ruptura, entonces?

-Porque Cristina no le habrá dado lo que le dio Néstor. Cristina está a la izquierda de Néstor, que le dio todo porque era quizá más negociador que Cristina. Todo tipo que llega al gobierno tiene que negociar con el aparato peronista. Por eso me da un poco de pena la oposición: había algunos que si subían, a los dos días los tiraba el aparato peronista. Hay que gobernar con el aparato peronista... Supongo que Cristina lo va a llamar a Moyano y si él no quiere ir, no sé, se acuartelará en la CGT, la policía se acuartelará en la provincia y ahí sí hay peligros en el horizonte y hay que ver qué hacen los que dicen defender la democracia.

-¿Le parece que el kirchnerismo es la etapa superior del peronismo?

-Eso es muy leninista? (Risas). No creo que sea una etapa superior del peronismo. No sé si dentro del kirchnerismo vamos a terminar englobando al cristinismo...

-¿Hay matices? ¿De qué tipo?

-Cristina tiene una tendencia a ir más hacia lo que podríamos llamar, no te digo izquierda, pero más hacia un capitalismo de inclusión y de solución de la pobreza, que va a implicar un mayor compromiso para enfrentar a los sectores más poderosos económicamente y ver cómo se les puede extraer medios económicos para realizar esta distribución. ¿Querés que te diga algo de corazón? Yo no entiendo cómo los muy muy ricos no se dan cuenta de que tienen que ceder algo de su riqueza para vivir más felices.

-¿En el aporte de los más ricos no hay señales confusas? Siempre me llamó la atención que los Kirchner quintuplicaron su patrimonio en apenas cinco años. Son ricos...

-Entonces habría que hacer dos cosas: si los que dan algo y comparten lo hacen, exigirles a los que gobiernen que también lo hagan en la misma medida? Es una utopía, pero es una utopía para vivir mejor. Si no, no vamos a vivir mejor.

-O sea, que Cristina reparta, ceda parte de su fortuna. Eso sí que es revolucionario?

-Hay que hacer una verificación final de eso. Con Menem había causas abiertas y había políticos corruptos presos a patadas, y con los gobiernos kirchneristas no ha habido ese tipo de cosas.

-También hay una Justicia funcional al poder y una virtual ausencia de organismos de control. ¿Pero no le hace ruido el vertiginoso y enorme aumento patrimonial de los Kirchner? ¿O le parece un tema menor?

-No, no me parece un tema menor. Habría que hacer un muy buen análisis de cómo creció ese patrimonio, que alguien demuestre con qué mecánica se hizo la extracción ilegal. Eso me tranquilizaría mucho más. Me dolió cuando se habló de un hotel de dos millones de dólares que pertenecía a Néstor Kirchner. Pero no me duele tanto: no tengo mi causa total comprometida con los Kirchner y estoy acostumbrado a que los líderes en los que uno confía hagan también grandes macanas. Yo creí, o quise creer, en Perón. Fijate cómo me fue y cómo nos fue a todos. La cabeza, a esta altura, no la doy por nadie. Uno sufre con estas cosas porque desearía que se aclaren y que ellos digan: "Esto viene de acá". Y que les quiten la incomodidad a los que adhieren al Gobierno porque es muy incómodo adherir a un gobierno de dos gobernantes multimillonarios que están comandando un gobierno nacional, popular y democrático, y que te hablan del hambre. Por ejemplo, cuando Cristina dice que es la primera que renuncia a los subsidios, sería muy bueno un acto simbólico: "Yo doy 10 millones de dólares para hacer un barrio en tal lugar". Un millón, aunque sea. "De esa fortuna que dicen que yo robé, uno va ahí." Eso me gustaría, pero más para los militantes.

-Sería una señal distinta...

-Eso habría que aclararlo, pero Cristina da otras señales: se enfrenta en los foros internacionales al consenso de Washington, explica muy claramente por qué sólo una política keynesiana puede salvar al capitalismo. Todas esas cosas que dice me parecen importantes también, no sólo la fortuna que haya acrecentado. También tiene mucho coraje para ir a un foro internacional y decirles: "Ustedes están equivocados". Es la primera vez que un presidente le dice eso al Fondo Monetario, al Banco Mundial. Lo que hay que hacer acá es lo que estamos haciendo nosotros, una intervención estatal en el mercado. Si no, el mercado se concentra solo y terminan siendo cuatro o cinco grupos económicos los que lo manejan.

-La Presidenta parece intelectualmente mucho más sólida, pero parece más cerrada.

-Más cerrada porque es muy posible que Cristina se crea autosuficiente. Tampoco le faltan motivos: es muy inteligente. Alguien muy inteligente es posible que diga: "Estas cosas las voy a arreglar yo, qué va a venir fulano a bajarme línea".

-En una nota de hace unos años usted criticó al kirchnerismo por "la ausencia total de formación de cuadros políticos". ¿La Cámpora no es una forma de remoción de cuadros?

-Lo que me preocupa de La Cámpora es que hay un exceso de pragmatismo y una carencia de ideas. Además, muchos han tomado puestos en el Gobierno, cosa que la Juventud Peronista no había hecho y se pasaba el día hablando de ideas, ideas e ideas. Era la época, pero ahora hablan de a quién poner acá, allá, a quién sacar de aquí y eso me deja un poco aparte. Prefiero que se hable de ideas en un mundo muy complejo.

-¿Lo decepciona el hecho de que los Kirchner, contrariamente a lo que usted les recomendó, no rompieran con el peronismo?

-La cosa es más lenta, pero hay signos: a la liturgia del movimiento no la usan, no se canta, no hay fotos de Perón ni de Evita, no hay escudos, Cristina jamás cita a Perón. Hay algunos atisbos.

-Y hasta lo criticó, en su reasunción.

-Y hasta lo criticó... Pero no creo que Cristina rompa con el peronismo: nadie va a poder gobernar sin el peronismo hoy, todavía. Por más que venga el que vos quieras, no va a poder gobernar sin un pacto fuerte con el peronismo. Imaginate si al tercer o cuarto día Moyano se te planta como un gran rey, como Hoffa. Hay que ver qué poder tiene el Gobierno, qué hace si le larga una huelga, el 17 de octubre de Moyano. ¿Reprime? No, no puede. El país está en una situación bastante peligrosa. Como siempre. Y como estamos acostumbrados, lo podremos sobrellevar


Fuente: Lanacion.com

martes, 20 de diciembre de 2011

A diez años de El Argentinazo

Por: Leandro Barolo


Imágenes de la represión del 19 y 20 de diciembre


El 19 y 20 de diciembre es lo que los militantes siempre buscamos, anhelamos que el pueblo salga a la calle, se movilice, participe, se involucre. Siempre trabajamos para eso, para encauzar el malestar en la transformación de la sociedad, de la política, de la cultura, de la desigualdad y un largo etc.

Es que aquello fue la experiencia que nos formo a muchos que veníamos cuestionando no solo al bipartidismo sino al conjunto de las expresiones políticas y que nos veíamos reflejados en el que se vayan todos.

Desde los medios hegemónicos (oficial y opositores) se insiste en mostrar a las jornadas históricas de diciembre como producto de una medida económica que retuvo los ahorros de los sectores medios. Como ya sabemos estos recortes de la realidad intentan imponer una versión de los hechos escondiendo un fenómeno social multicausal, que encierra una clara conciencia transformadora.

El primer argumento de peso es que el movimiento pos 2001 desembocó en dos organizaciones bien diferenciadas que no existían y que perdieron por lo menos en su peso específico: las organizaciones de ahorristas encabezadas por el humorista radical Nito Artaza y el proceso de asambleas barriales.

En primer lugar debemos decir que lo que caracteriza la etapa es que habiendo pasado más de una década del derrumbe del socialismo Real, el mundo unipolar atraviesa una crisis de hegemonía. El capitalismo empieza a perder legitimidad entre la población reflejándose en una crisis general de su clase dirigente y de las expresiones antisistémicas que si bien enfrentan al régimen son incapaces de formar alternativas de poder que lleve adelante procesos de transformación.

El “que se vayan todos”, o el pueblo unido avanza sin partido, son expresiones que reflejan la impotencia de las masas frente a la ausencia de una alternativa de poder y a la vez de sus limitaciones al no poder conformarla.
Los cientistas sociales tienen una deuda en dar explicación al fenómeno que provocó el espontaneismo de dichas jornadas, sin este análisis es imposible abordar una caracterización seria de este gobierno y de la etapa que se abrió pos diciembre del 2001.

Pensamos que el abordaje serio de un análisis supone introducir ciertos elementos sabiendo que como en todos los procesos sociales esos análisis no pueden explicar el todo. Aun así, reconociendo estas limitaciones pensamos que desde la llegada de la democracia en el 83, la actividad política de las expresiones que han gobernado pero también la que no lo han hecho han provocado la frustración de la sociedad civil.

El radicalismo que no pudo garantizar que con la democracia se cura, se educa y se come, el PJ que no solo no llevo adelante ninguna revolución productiva, sino que además llevo adelante la entrega más feroz e inédita de nuestra historia, acompañada enérgica y vehementemente por el difunto Néstor Kirchner como gobernador de Santa Cruz.

El desencanto de la población a los dos partidos mayoritarios abrió en distintas oportunidades la posibilidad de abrir espacios alternativos. El PI de Allende en los 80 claudicó ante el peronismo, el frente grande de Chacho Alvarez claudicó ante la UCR, es decir el fracaso de todas esas experiencias lleva a la población a ver que la política no soluciona los problemas elementales de la vida de los argentinos.

Una generación de militantes nos formamos en organizaciones sociales (movimientos de desocupados, centros culturales, bibliotecas populares, asambleas barriales, etc) que hoy podríamos caracterizar como la izquierda independiente. Al no ver a los partidos políticos como una herramienta de transformación nos concentramos en el desarrollo del poder local y territorial. Dejando como saldo una diversidad de experiencias que todavía tienen la limitación de no confluir en la construcción de una herramienta política.

Todo ese descontento producto de la desilusión de las expectativas generadas de los que gobernaron y los que no lo hicieron, la falta de soluciones a los problemas elementales de la sociedad, vivienda, alimentación, salud , educación, trabajos dignos, etc. Provoca una crisis de representatividad y el divorcio de la sociedad con los partidos políticos, esto es lo que estalla en las históricas jornadas del 2001.

El gran problema de la consigna de que se vayan todos es que no existía una herramienta política que reemplace a la clase dirigente que viene detentando el poder.

El 19 y 20 quedó impregnado en la conciencia colectiva de que el pueblo movilizado voltea gobiernos, haber pasado por esa experiencia nos enseña que sin una alternativa política que dispute poder, la crisis solo sirven para que el régimen se lave la cara, muestre un nuevo relato y vuelva a generar nuevas expectativas que después se ocupara de frustrar.

Desde el relato oficial (miremos hoy y mañana 678) se mostrará el desastre de la crisis, compararán los números estadísticos de aquella fecha para contrastarlos con las estadísticas de ahora, todo para hacernos creer de cuanto han cambiado las cosas, mostrarán los índices de desocupación, las tazas de crecimiento, el índice de riesgo país, los índices de pobreza, etc. Con esos números intentan instalar que el oficialismo y su mentado modelo sacó de la crisis a todos los argentinos. Tan preocupados están que frente a la consigna que se vaya todos que no quede ni uno solo, lo compararán con el % 54 mostrando como superada la crisis de representatividad.

En lo económico no se ha modificado la estructura económica del país, el saqueo continua, y en pocos meses el gobierno mostrará los dientes como ya lo esta haciendo con la ley antiterrorista, la clase dirigente sigue siendo la vieja estructura pejotista, sectores de la burguesía nacional y trasnacional y el sindicalismo burocrático, que el gobierno se ha ocupado de lavarle a todos la cara.

Es decir, el kirchnerimo es la recomposición del régimen, es la cara buena del modelo saqueador frente a la amenaza de la movilización del pueblo, son las concesiones que la clase dominante se vio obliga a dar frente a posibles y nuevas rebeliones.

Es la reconstrucción de lo viejo y su búsqueda ambiciosa de ganar cada vez más hegemonía.
Las continuidades son muchas, lo que cambio a partir de esa fecha es que la clase dominante no podía seguir gobernando como lo venía haciendo. Hacia falta cambiar el discurso y crear nuevas expectativas para contener, dentro del régimen, el descontento general.

El 19 y 20 de diciembre abre un interrogante para pensar que fue lo que sucedió que en forma sorprendente sin que los analistas políticos, los cientistas sociales y hasta la propia clase política, no advirtiera el animo general del pueblo, y se provoque una de las movilizaciones mas importantes de nuestra historia sin que nadie la convoque.

La autoconvocatoria se venia practicando algún tiempo antes, en distintos tipos de luchas, la huelga docente desde ese mismo año, en la provincia de Buenos Aires, generó autoconvocatorias docentes que el sindicato no podía contener por que desbordaba sus capacidades y sus intereses.

El espontaneismo no es un fenómeno aislado, en la historia universal encontraremos muchas experiencias, también sus resultados son conocidos, la movilización llega a la cresta de la ola y después comienza a diluirse. Queda muy poco si no hay una fuerza política que encause toda esa energía popular en un proceso de transformación.